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Domingo, 05 de Febrero de 2012

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Valleseco

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Querido sastre:

Carmen sigue sumida en el silencio desde que Alfonso, su marido, dejó de ser el de siempre. Sale a la terraza al atardecer, se sienta en una silla mirando a lo lejos la silueta de Gran Canaria y escucha el viento que baja por el barranco refrescando la vida como entendiéndolo. Cuando el aire golpea sus oídos llegando desde los valles altos, el sonido inunda de nuevo su alma y la acompaña mientras aún guarda bajo los párpados el nítido contorno de la isla vecina, tras un telón de penumbra que la reconforta. Lo cierto es que, después, se encuentra mejor, menos sola, y ahora sale a esperar los leves soplidos que antes nunca percibió, cada día a la misma hora.  

El Señor de las Moscas ya acabó con la playa de María Jiménez, La Maretita, que ahora reposa bajo el hormigón como todo el litoral de Shangrilá. Clavó su añepa en la costa que siempre fue nuestra e, incapaz de sentirse saciado, dirigió después sus nubes de insectos voladores, oscuros y molestos a la cercana bahía de Valleseco, ya sitiada desde hace tiempo por contenedores, vías de servicio, grúas pórtico con patas amarillas y máquinas grises para succionar las entrañas de los buques graneleros que atracan en la dársena.   

Alguien se oculta tras las hordas voladoras que lo invaden todo, pero nadie sabe quién. Algo convirtió las aguas donde antes se bañaban los vecinos en una brillante sopa cubierta de surcos espejados de colorines que huelen a carburante, pero nadie acierta a asegurar qué. Dicen que, antes, la mano que gobierna el ejército alado e invasor se hizo cargo de la batería de San Francisco y la entulló, brindó su sombra al Balneario y lo convirtió en ruina y prometió que velaría por el castillo de San Andrés y contempló impávido como caía para siempre. El general Gutiérrez ya no tiene con qué repeler el próximo ataque de Nelson, ninguna página gloriosa que escribir en la historia de todos.  

En fin, amigo sastre, los brillos del mar de Valleseco podrán de moda el moaré, seguro, así es la vida, que sigue, ¿o será el raso?, ¿tienes existencias? 
 

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