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Jueves, 09 de Febrero de 2012

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Uniformes a la medida

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El veranillo de San Miguel se resiste a deja penetrar las sombras y las maguas del otoño. Benito Pérez Gil, el bibliotecario, mientras coloca los libros en las estanterías, piensa en la muerte de un joven de nuestra querida Taknara en Afganistán. Algunos familiares se preguntan en alta voz: ¿Qué pintamos allí? Es una buena pregunta para una reflexión. Decide compartir con Raquel un correo con sus cavilaciones sobre el tema. Hola amiga:

No hace mucho te encontré en una gran superficie y me dijiste que tu hija menor estaba opositando para optar a la policía municipal en un municipio de nuestras medianías. Me llama la atención la abundante demanda que hay actualmente por las profesiones  uniformadas: policía municipal, autonómica, del estado, guardia civil, bombero, militar... Supongo que algunos pretenderán ante todo tener un empleo estable en esta época de abundante paro y empleo precario. Por otro lado me doy con algunos jóvenes de ambos sexos que lo que les gusta es el uniforme y lo que simboliza. No hay que olvidar que ha habido y existen féminas que dicha vestimenta les pone, les resulta atractiva en el sexo opuesto.

Independiente de lo expuesto, Raquel, existen bastantes candidatos a las mencionadas profesiones con "posibles vocaciones". Entrecomillo lo de posibles, pues no se hacen realidad hasta que no las lleven a la práctica sobre el terreno, con el riesgo que ello conlleva. Para nosotros lo del servicio militar fue algo diferente. Era obligatorio en un estado social y políticamente dictatorial. Fuimos y pasamos unos meses o años allí, algunas veces soportando un trato vejatorio. Deseábamos que pasara lo antes posible. Eso no quita que hubiera militares profesionales con vocación.

Para nosotros, amiga Raquel, lo militar lo relacionábamos con dictadura, poder fáctico, coercitivo, represivo sobre la sociedad civil que unido al político y al religioso formaban un trío temido. Los ejemplos de las dictaduras sudamericanas al servicio de los intereses imperialistas, de las multinacionales capitalistas y el caciquismo local nos confirmaron en la idea que teníamos. Posteriormente algunos jóvenes se negaron a realizar el servicio militar obligatorio, ya sea sustituyéndolo por un servicio civil u oponiéndose abiertamente a cualquier servicio sustitutorio. Se vieron así abocados a la privación de libertad en las cárceles de los últimos estertores de la dictadura o en las de la nueva democracia representativa.

Actualmente, Raquel, se tiene la libertad para optar o no a formar parte de las fuerzas armadas. La libertad en parte es teórica porque razones de tipo económico o por una visión deformada que se difunde los medios de comunicación, el cine... En EE.UU existen muchos jóvenes de origen sudamericano que ingresan en su aparato militar por razones de tipo económico, laboral o para conseguir la nacionalidad.

En el estado español sucede algo parecido. Muchos jóvenes se ven sorprendidos en conflictos bélicos en los que ellos en un principio no pensaban verse envueltos. Así, cuando surgen muertes como la del joven canario, mucha gente se lleva las manos a la cabeza. En la guerra, por desgracia se pierde la vida, muchas veces defendiendo intereses que no son los del pueblo sino los de las grandes compañías multinacionales por mucho que los adornen con decisiones de la ONU o la OTAN.

Bueno querida Raquel, te dejo con unos versos referidos al tema que nos ocupa:

Qué les encanta el uniforme / a ese joven y a esa joven / que de la guerra no saben / pues tienen una idea deforme. /  Qué pintarán allí en ella / en la extraña patria aquella. / Les convierten en policías / de  intereses vigías / ajenos,  ¡no es la guerra bella!