Acabo de terminar La noche de piedra y he de decir que hace mucho que no leía una novela del género negro escrita en Canarias con esa calidad. Tan sólo se le acerca el conjunto de relatos de Negra hora menos de Carlos Álvarez. Novela bien estructurada, con la presentación de acciones simultáneas y crescendo de la tormenta que desde un principio va tensionando al lector. Tiene hallazgos descriptivos como: "...unas carajacas sospechosas como un político en el yate de un empresario" o "...absurda como una puta en un convento", por poner dos ejemplos, que la convierten en una autentica delicia para el lector de novela negra. Recuerdan las imágenes tan logradas de Chandler en Adiós muñeca describiendo a Mallory y sus botones que destacaban como tarántulas en un plato de nata. Por no mentar el guiño a Valle Inclán cuando se describe al tabernero: gordo, cincuentón y conservador (que recuerda al feo católico y sentimental Bradomín) o la alusión a Loquillo o el recuerdo a la poesía de Iriarte: En el culo del mundo, crió Dios siete almorranas, según dicen los autores, son las siete islas canarias.
Y estos valores literarios se unen una intriga bien construida y creíble, personajes reales, de los que se encuentra uno por la calle (incluido el villano Bethencourt), motivaciones de las acciones plausibles, desde el maltrato conyugal a las limitaciones a la verdad que imponen las recalificaciones de terrenos, etc. Pues Ravelo ha conseguido en una obra de ficción que es una reflexión sobre la iniquidad en general, concretar en la iniquidad de nuestras islas, Cerrando los ojos podemos imaginar la localidad en la que transcurre la acción, ponerle nombre y reconocer a ese alcalde que asume la conveniencia de la suposición del accidente frente a la posible verdad del asesinato, para que no peligre el futuro urbanístico del pueblo. No en vano, todos los personajes se mueven en el ámbito del deseo del poder. Poder para dominar, aplastar a otros, poder para escapar de la dominación ajena, de la dependencia sexual o económica. Poder, en una palabra, para ser libres aunque sea a costa de otros. Y ese poder, en esta sociedad, sólo lo da el dinero. De ahí el chantaje, el crimen... Pues si el villano inicial logra los medios para organizar su crimen y considerarse por encima de la sociedad, es sólo porque tiene el dinero para ello. Y como el autor no deja de intentar lanzar una mirada ética sobre nuestro entorno, se ve obligado, por mor de esa mirada, a condenar al fracaso a sus personajes principales y desviar el dinero hacia secundarios que hasta entonces no habían jugado sino un papel marginal. No se trata del típico mensaje moral para mantener el sistema, sino de un rechazo al mismo sistema basado en el poder. Y todo ello escrito de manera apasionante y huyendo, insistimos, de los tópicos malos/buenos que se han impuesto en el género de la novela policíaca, haciendo que se pierda la ambigüedad de héroes como Spade.
En pocas palabras, una novela pensada para disfrute del lector. Ravelo ha escrito para el lector de hoy, ese, como dice Benedetti, que lee por encima del hombro del escritor. Empecé a leerla en el aeropuerto de Gando y la termine (de madrugada) en un hotel de Madrid. Y cuando terminé cogí un portaminas y señalé algunas de las cosas que más me llamaron la atención. Muchas de ellas están indicadas más arriba y si las remarco es con la intención de que el autor no abandone este estilo que me parece mejor, lo siento, que el de Eladio Monroy. Y esto no se debe tomar como la típica crítica del escritor frustrado (adoro la serie de Monroy) y reconozco que la comparación está fuera de lugar pues quizás cada historia impone un estilo para escribirla. Sin embargo Faulkner reescribió magistralmente El secuestro de Miss Blandís, así que siempre nos queda la duda: si el estilo elige a la historia o viceversa o simplemente, cada escritor es responsable de sus estilos y no debe echar las culpas a la historia.
Cualquier lector, apreciará en el texto: calidad literaria, intriga y acción, que la ponen a la altura de las mejores novelas "negras" y unas reflexiones morales sobre la degeneración de la sociedad, la corrupción, la avaricia y el afán de poder que hacen de La noche de piedra una hermana de Cosecha roja, La llave de cristal, El sueño eterno, Adiós Muñeca o El largo adiós. A eso me refiero cuando hablo de disfrute del lector. Hay escritores que escriben para ellos mismos, enredando intrigas y estilo con el fin de ser originales y los hay que, buscando el éxito comercial (que no literario), simplifican tanto las cosas que da la impresión de que escriben para retrasados mentales. Ravelo no cae en ninguna de las dos posturas. Exige la atención del lector mediante un uso riguroso de las técnicas narrativas, del lenguaje, las imágenes y las metáforas y esta exigencia se traduce en un placer para todos aquellos que gustan de nuestro idioma y de la novela como género. Para todos aquellos que son lectores atentos y que huyen de las modas literarias. Los que disfrutan tanto con uno de nuestros clásicos (desde Cervantes a García Márquez, pasando por Galdós) como con una obra de rigurosa actualidad.
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