Tarajano se convierte en emigrante como tantos otros canarios. Alza su vuelo de gaviota hacia la patria de Miranda y Bolívar: Venezuela. Así en este poema expresa su amor por su Canarias: Sí, en Canarias yo muriese / saben dónde me enterrar / al ladito de mis padres / en mi Agüimes natal.../ que digan que yo amé a mi pueblo / y que amé la libertad. En el mismo poema muestra su enorme cariño al país que le supo acoger en su regazo: Mas, si en Caracas muriese, / allí me pueden dejar, / y que una flor de apamate / traiga la noticia acá.
Al fin las sombras rateras se apoderan del oro de la tarde que huye. Tarajano, apasionado por su patria canaria, es también un ser solidario. Le preocupa lo que sucede más allá del mar que pone cercas a su vista. Así en referencia al tema palestino: El palestino canario / murió de amor y dolor: / amor por la guanche tierra... / dolor por su Palestina / donde grita el gran ladrón... Nuestro poeta palpa una casi infinita variedad de temas: la libertad de sus islas, la mujer, la esposa, la hija, al padre, la droga, la flora y fauna, la paz, la represión de la guerra española, el barranco Guayadeque, la unidad entre las islas, la pobreza, nuestros campesinos, nuestros antiguos molinos...
Aunque su obra erupcionó de su volcán interior un poco tardía, es extensa y variada. Antes publicó varios libros docentes en su amaguada Venezuela. En Canarias germinaron sus poemarios: Ajijidos y aguijadas en Canarias (1979); Con un abrazo de hermanos (1980); Años malditos (1981); Repasando caminos / Caminos vulnerados; Tarha / Tahona; Prosigo (1992) "Huellas y señas"... Entre las obras en las que ha tenido que investigar recorriendo los caminos de las islas; hurgando y bebiendo en la memoria de nuestros mayores están: Antología de adivinas canarias (1986); Canarias Canta (dos tomos); además habría que añadir unos abundantes títulos dedicados a la historia de la Villa de Agüimes... Una luna esmirriada se dibuja ya sobre Enac, señora de las tinieblas.






















