Ahora, y una vez pasado el ecuador de la primera parte de mi vida, me siento confundido, pues no sé contra quién compito o contra quién lucho, sobre todo cuando vivimos en el comienzo de un nuevo siglo XXI, el cual se muestra exigente y más evolucionista en los distintos campos de la ciencia y tecnología.
Del mismo modo, los sistemas de los gobiernos en el mundo están motivando nuevos modelos de sociedades que provocan incógnitas e incertidumbres en las respectivas poblaciones mundiales. Por todo ello, y sin saber muy bien quién o quiénes pueden ser mis enemigos en mi lucha personal en este planeta tierra, intuyo que podría ser contra mis propios sentimientos, por la nueva reforma laboral del gobierno de Zapatero, por la propia condición humana alimentadas por los defectos y virtudes. Una carrera de fondo marcada por los tiempos de la vida y condicionada por las circunstancias caprichosas del destino, si es que existe tal cosa.
Al mismo tiempo, y observando como la aguja del reloj de mi vida insiste en seguir avanzando hacia lo desconocido, intento buscar nuevas fórmulas o recursos técnicos en el terreno de la psicología que motiven en mí una sensación de seguridad y tranquilidad en mi interior. Ya no lucho contra guerreros de otra época de mi pasado. Ahora, lo hago contra el propio sistema de una nueva generación que está vacía de valores y principios morales. No busco la verdad en los demás, pues en ella encuentro la mayor mentira y, en esta última, la mayor verdad. Sólo intento comprenderme a mí mismo y comprender a los demás, pero se me antoja que entre la juventud y el ocaso de la vida de todo ser viviente, conduce a lo mismo. Es decir, vida y muerte.






















