Se percibe que no gobiernan quienes ganan las elecciones, sino que gobiernan los mercados. Hay que restaurar la confianza en los mercados, y el ciudadano entiende que detrás están los especuladores que manejan las bolsas del mundo, los maniobreros de operaciones financieras. Ante esta realidad ¿de qué vale hablar de ideología? Como dice Pedro Arrojo, profesor de la universidad de Zaragoza, ¿cómo puede explicarse que se hayan esfumado miles de millones de euros de dinero público, inyectados en el sistema financiero privado para dinamizar el crédito, y apenas se ha conseguido liquidez financiera capaz de restaurar los créditos?
La explicación señala que los bancos y cajas, conscientes del agujero generado por sus operaciones de ingeniería financiera, optaron por rellenar su agujero antes de liberar ese dinero público hacia el sistema productivo en forma de créditos. Los grandes capitales están a buen recaudo en paraísos fiscales, que demuestran las vergüenzas de un sistema que sólo aprieta a los débiles y se rinde ante los poderosos. La vulnerabilidad del sistema es grande, como se ha demostrado con Grecia y con nosotros. La crisis actual evidencia el error que supone mitificar el mercado con este enfoque neoliberal. La falsa riqueza, la generada mediante operaciones financieras, no está respaldada por la economía real.
Los gobiernos han permitido que los especuladores jueguen a sus anchas, amparados por los principios del libre mercado. Y la economía española está sometida a la especulación inmobiliaria de la que nadie quiere hablar ni asumir responsabilidad alguna. Según los analistas, ni siquiera Obama ni Merkel ni Sarkozy ni nadie tiene capacidad suficiente para meter en cintura a quienes poseen el poder económico, ante los cuales se arrodilla el mundo, pues en definitiva la crisis es moral y ética.
Así los mercados tienen más poder que las naciones, que los parlamentos, que la ONU y que la Unión Europea juntas. Evitar los ataques especulativos necesitaría una norma que ni siquiera puede lograr Obama. Por eso el ciudadano percibe que la política no debe ser enmascarada por la especulación.






















