Por razones cotidianas, de salud, trabajo e higiene mental o ideológica, en muy rara ocasión uno acude a visualizar en pantalla lo pergeñado hace décadas a propósito de cualquier cuestión. Esta vez han sido amigos y amigas los que han conducido la acción, estas letras para aclarar de una vez para siempre que no me arrepiento del textillo compuesto a raíz del libro 'La izquierda en el umbral del siglo XXI', de la escritora chilena citada en el párrafo anterior, cuyo rostro aparece encima de mis palabras, del alegato manipulado y tergiversado, impreso en un periódico español, y da la impresión de que enhebrado hace unas semanas. En corto, que no me unan a la fuerza a Hugo Chávez ni a ningún político vivo, porque me quedé en el gran Manuel Azaña. Tras el autor de 'La velada en Benicarló' y la desaparición de la II República sabemos bien qué sucedió: la muerte o exilio y persecución de muchísimos ciudadanos de este país con la llegada del autoritarismo sangriento, entre ellos mi desconocido y amado padre, dicho sea de paso. Abundantes son los errores que uno ha cometido como para cargar con el fardo de los ejecutados por cualquier peruano, venezolano, cubano, español o sátrapa con delirios de grandeza y falsa democracia. Si ustedes quieren, me repito una vez más: el genocida Hitler fue elegido en las urnas y un tal Echegaray resultó premiado en Suecia cuando el mejor escritor del mundo en castellano era Benito Pérez Galdós. Y es que, a día de hoy en esta cuestión, el silencio es una cobardía; la palabra, una queja o defensa.
Ya me quejé una vez de las impunidades y malicias de Internet y vuelvo a la carga porque compruebo que hay gente que malquiere y falta al respeto por esa especie de placer que proporciona el hacer daño a quien no comulga con sus ideas y creencias presuntamente democráticas. En su momento, el gran periodista y escritor que es Carmelo Rivero puso amistosa y personalmente algún reparo a la decisión de fechar los artículos compilados en el librillo 'Los caminadelado' y la respuesta fue tan sincera como sencilla: porque eso pensaba y sentía cuando fueron escritos, pero ignoraba si pasado algún tiempo cambiaría de opinión. En concreto, si uno admiró en 1975 el libro-octavilla 'Los conceptos fundamentales del materialismo histórico', de Marta Harnecker, ello no significa en absoluto la aceptación eterna de cuanto en ese panfleto a su vez histórico se postula y dictamina, pese a vivir un tiempo en que algo está muy claro: la existencia de clases sociales y lucha de clases. No sé quién ha sido, pero sin duda se trata de alguien muy apegado al fascismo, personaje (s) capaz de trastocar un texto hasta el punto de ignorar u omitir fuente primigenia y fecha, además de alterar la puntuación. Sólo acude ahora a la mente una respuesta acaso chabacana, juzguen ustedes: juega con cualquier parte de tu cuerpo, la que más te apetezca, mas deja en paz palabras e ideas que otros han expresado por escrito en forma, fondo y tiempo determinados.
Últimos artículos de Ezequiel Pérez Plasencia
Añadir comentario
Condiciones
- Su comentario será revisado y subirá una vez sea comprobado que no atenta contra las leyes españolas o injurias
- Reservado el derecho de eliminar aquellos comentarios que consideremos ofensivos






















