Quizá haya sido un poco exagerado en estos comienzos, pero simplemente quiero reflejar lo que veo y lo que me comentan las personas con las que tengo oportunidad de conversar. Estamos en una sociedad en la que prima la infelicidad. Tenemos de todo, pero abunda la escasez de felicidad, de amor, de confianza, de alegría; en definitiva de las cosas más importantes. Alguien ha inventado la palabra "estado de bienestar" y nos lo hemos creído. Vamos por el mundo haciendo ver que somos los mejores,¡vivo en el estado de bienestar! Tengo una gran casa, dos coches, me visto con ropa de marca, me voy de vacaciones a países remotos, ¡que maravilla! Aunque, también tengo que confesar que no tengo amigos, no conozco a mis vecinos, me llevo mal con mi pareja, no hablo con mis hijos, no tengo tiempo para leer, para reir para pasear, para conversar, para sentir un poco de felicidad.
A veces nos sentimos lúcidos y tenemos la capacidad suficiente para ver las cosas tal como son. Nos damos cuenta que vivimos en un mundo que no nos gusta, quisiéramos cambiarlo, aunque nos sentimos impotentes y sin fuerzas para intentarlo. Lo que nos rodea, nos parece mediocre y falso. Nos sentimos mediocres nosotros mismos. Ponemos en duda nuestros valores y llegamos a la conclusión que la realidad que existe a nuestro alrededor, no es la que nosotros queremos o por lo menos, desearíamos.
Hay mucha amargura a nuestro alrededor. Sin saber porqué, nos sentimos agresivos e inconformes con lo que vemos. Tenemos la sensación de estar atrapados en un círculo que no es nuestro, pero del que no podemos salir. Las mujeres se quejan de los hombres, ellos de las mujeres, los niños de los mayores, lo mayores de los niños. Parece que todos somos enemigos de todos. Pasar el día es casi misión imposible, llegar a la noche es una liberación.
Me cuentan que cada día hay más gente que se siente sola. El estado de bienestar le da televisión, TDT, radio, CD, DVD, nevera, microondas, coche, móvil, ordenador, mp3, mp4, pero no hay manera de que le de un amigo con quien tomar un café y comentar las cosas cotidianas. Me dicen que las parejas viven juntas por inercia. Ya están en una situación en que se preguntan porqué están juntos. El amor que llegó a unirlos, está tan lejos que ya casi ni lo recuerdan. Me comentaba una amiga que estaba enamorada de otro hombre, pero que prefería quedarse con el que tenía en casa porque le daba seguridad, me imagino que se refería al sobre de fin de mes. A mi esa postura, me resulta verdaderamente penosa.
Está muy claro que todos necesitamos tener alguien cercano con el que compartir nuestras inquietudes e ilusiones. Tenemos que buscar la forma de lograrlo, porque una sociedad como la que nos ofrecen no es la más beneficiosa para la humanidad. No hemos nacido para vivir en soledad ni tampoco para ver a los semejantes como enemigos. Tenemos que tener confianza en nosotros mismos y saber que podemos hacerlo. El primer paso sería estar convencidos que no es más feliz quien más tiene sino quien teniendo menos es capaz de compartirlo.
Podemos comenzar cualquier día. Al levantarnos por la mañana pensemos que la vida es hermosa, que problemas tienen todas las personas, pero que se solucionan. Deseemos buenos días a las personas más cercanas y miremos a la gente con ojos de alegría. Salgamos a la calle con una sonrisa en los labios.
Seguramente con pequeñas cosas contribuiremos, de alguna manera, a hacer un mundo un poco más feliz.






















