Y ello radica en el mismo sistema contra el que nos enfrentamos. El capitalismo tiene en su propia base la mercantilización de todo lo que le rodea, incluyendo la naturaleza. Una izquierda que no sea profundamente anticapitalista, por muy verde que se defina, tropezará siempre con la pretensión productivista del sistema capitalista. Es el propio modo de producción capitalista el que necesita destruir el medio ambiente, agotando los recursos naturales. Ese modo de producción se basa en la explotación del trabajo y de la naturaleza. Devora ambos en su busca del máximo beneficio privado. Un verde que no se plantee el cambio del modo de producción capitalista no puede sino limitarse a la protesta sin resultados de fondo.
Por eso hablamos de cambio del modelo productivo. Porque el modelo en el que vivimos existe gracias a la destrucción y derroche de los recursos naturales y a la explotación del trabajo. No puede haber otro modelo productivo capitalista respetuoso con el medio ambiente pues el propio sistema de la competencia lo eliminaría a favor del modelo capitalista que no respetara el medio ambiente. Las políticas de medio ambiente tienen un coste económico que el principio de máximo beneficio para el capital impide que el sistema asuma.
Cuando hablamos de cambio del modelo productivo, de soberanía alimentaria y soberanía energética no estamos hablando sino de la misma cosa: derrocar al capitalismo. Todas estas políticas no persiguen sino liberar al hombre y a la naturaleza de la esclavitud del capital. Por eso digo que no se puede reivindicar lo "verde" sin reivindicar lo "rojo". Son las dos caras de una misma moneda, la izquierda que no renuncia a cambiar el mundo.
Pero igualmente lo rojo no puede perder de vista lo verde. ¿De qué sirve un sistema más justo laboralmente si dejamos a nuestros hijos un planeta arrasado y contaminado? ¿De qué sirve un mundo, por más justo que sea, sin aire que respirar? Las dos reivindicaciones van de la mano. No voy a pedir al mentecato que lea a Marx cuando habla de la tierra y los bosques como mercancías destruidas por el capital ni a Lenin cuando lo hace sobre la cuestión agraria. Pero al menos que se lea los documentos de su propia organización o reflexione sobre la vinculación entre destrucción del territorio y especulación en Canarias. Qué piense en los motivos que impulsan en estos días a los empresarios a reclamar "menos" normas o las pretensiones de Bravo de Laguna de arrogarse la ordenación del territorio insular.
La cuestión no es baladí. El enemigo sabe que su mayor peligro reside en la unidad de las fuerzas de izquierda. Por eso anda meneando el asunto de las dos izquierdas: una verde y otra roja. Buscando una falsa división. Y algunos caen en la trampa, quizás por debilidad ideológica, tratando de encontrar una identidad que los diferencie de los demás para ser cabeza de ratón.
Nosotros no vamos a renunciar ni a lo verde ni a lo rojo. Nos enfrentamos al enemigo en todos los frentes, y uno de ellos es el del ecologismo. Pero eso no significa que renunciemos u olvidemos las reivindicaciones de los trabajadores. No lo hemos hecho, ni lo haremos.
Y nuestra mejor arma, en esa lucha, además de la firmeza de los principios, está en la unidad. Y vamos a intentar seguir construyendo esa unidad de la izquierda por muchos mentecatos que nos encontremos en el camino.






















