Venezuela cerró el 2011 con un balance social tremendamente asombroso y horrible, ejecutándose 19.336 muertes por violencias. Durante mi estancia el año pasado en el país latinoamericano pude comprobar la gran inseguridad e importante número de asesinatos que se sucedía cada fin de semana en la ciudad de Caracas. Como bien relata una compañera en unos de sus artículos, Aura María Espinosa albornoz, dos violencias aprisionan a Venezuela: la criminal del hampa y la política de Hugo Chávez.
Ambas se dan la mano en una ruta destructiva que el pueblo tiene que vencer. Recuerdo, que en el mes de octubre de 2011, una mañana fui invitado a un lugar denominado Los Alpes, en la Venida Bulevar del Cementerio. Allí, se divisa un cerro lleno de ranchos y habitados por miles de personas de todas las escalas sociales, pero más de persona indigentes que a duras penas tienen para vivir. En eso ranchos existen sus propios códigos y formas de conductas sociales; sus propias leyes de sentencias, coacciones, atracos, amenazas y asesinatos y diferenciados por bandas organizadas, las cuales y en cualquier momento del día se enfrentan entre ellos mismos. En esa columna social de indigencia, calamidades y de un contenido cultural vacío, hay un "imperio" que se beneficia de todo ello como es el hampa (Crimen Organizado).
Yo estuve allí, conocí a muchas personas de esos ranchos y les puedo asegurar que fue bien atendido y respetado, pese a que muchos de ellos, según me había comentado mi contacto, tenía 4 5 cinco crímenes a sus espaldas. Quise vivir la otra cara de la Venezuela que muchos no han conocido. Vivir por unas horas con personas marginadas y rechazadas por la propia sociedad venezolana; autores de crímenes motivados por las carencias de vida tan trágicas que hay en Venezuela, pero que eso no justifica asesinar a nadie, pero es tal la corrupción que hay en el país del Gobierno de Hugo Chávez que los propios funcionarios del dictador también son cómplices y autores de muchos delitos que están fuera de la Ley. "Tranquilo mi pana". "Aquí usted está seguro", me decían las personas que vivían en esos guetos o ranchos en los cerros de la Avenida Bulevar del Cementerio. Es otra forma de vivir, donde cada familia se busca la vida como puede con sus tarantiles o puestos de frutas y bebidas alcohólicas. Del mimo modo, el tráfico de drogas no pasa desapercibida en esos ranchos, donde se utilizan a muchos menores para su venta y consumo. Ellos, esos menores y esas pobres gente sin recursos algunos, y de clase social baja, son utilizados por personas de las altas esferas del hampa. Así mismo, la cantidad de armamento que existe en esos ranchos es impresionante.
Es por ello, según la reflexión de Aura María Espinoza, que Venezuela está aprisionada por dos tipos de violencias que no le dan cuartel ni al presente ni al futuro. La violencia del hampa que campea reinante en todo el territorio nacional y la violencia política que anda entrelazada en la retórica y propósitos del régimen "chapista". No son extremos opuesto ni nada parecidos. Al contrario, se alimentan una ala otra en una espiral que día a día ensombrece más el panorama nacional. Toda esta descomposición social de falta de valores y violaciones de los Derechos Humanos en Venezuela, revela una profunda preocupación en todas aquellas personas que se consideran defensoras de las libertades. Venezuela puede y es muy bonita y hermosa, pero el socialismo revolucionario del dictador Hugo Chávez, le convierte en un país lleno de temores, miedos y dudas. El hampa es pues, la organización que decide entre la vida y la muerte de cualquier ser humano y es por ello que yo les domino como: "jueces de la muerte". Por lo tanto, entiendo que las dos violencias retratan una realidad que debe ser transformada de manera democrática lo antes posible, con el objetivo que los venezolanos puedan reconstruir su propio país. El día 12 de octubre del presente año Venezuela tiene la gran oportunidad para conseguir la libertad de las cadenas del dictador y ser un país democrático.






















