Puede que a algunos, como al buen Quijote, se les haya secado las entendederas.
Flaco favor se le hace al municipio cerrando una emisora propia.
Está claro que quienes fomentan esa idea desconocen las enormes posibilidades que tiene la radio y aprecian muy poco la valía de sus vecinos y la propia idiosincrasia de un pueblo que nació siendo ciudad con una clara e insobornable vocación de futuro. Con la variada personalidad que tiene Telde, desde el mar a medianías y cumbre, entre colectivos juveniles, vecinales, musicales, deportivos, culturales, centros educativos y grupos varios; con la abundancia de actividades propias e individuales, con magníficas iniciativas demostradas y otras por venir, con historia e inquietudes, se puede hacer cualquier tipo de programas y actividades, que pueden ir desde el fomento de la lectura, pasando por informaciones de los barrios y orientaciones hacia los vecinos incluyendo propuestas que ahora no imaginamos.
Precisamente son en estos momentos de incertidumbre cuando se necesita una radio viva y capaz de ilusionar. Pero para que sea un eficaz vehículo transmisor de las inquietudes de sus gentes hay que dotarla de medios y conseguir que los profesionales -que me consta que los hay en Canal Telde, y muy buenos- no se sientan encorsetados y puedan disponer de material para realizar los directos, por ejemplo.
El problema de una emisora municipal surge cuando se tiñe de color político y comienza a utilizarse como arma arrojadiza, cuando desune a los vecinos y desprestigia al que no sigue las directrices marcadas por el que manda o tiene poder. Ese es el verdadero mal y, es, de esa forma, como se llega al descrédito y termina por morir lo que, seguramente, nació con una idea ilusionante.
Duele, que sin estudiar a fondo las posibilidades ni siquiera conocer los aspectos económicos, se lancen campanas al vuelo con ideas corrosivas y populistas sabiendo de antemano que son propuestas ganadas porque hoy la situación está jodida y los vecinos lo están pasando mal.
Y duele -y esta es una experiencia personal- cuando sabes que esta misma emisora ha contribuido –y puede seguir haciéndolo- a que unos chicos/as, - alumnos/as del que suscribe, para más señas- que jugaron a ser periodistas y locutores hoy están ejerciendo de profesionales de la radio, televisión y otros medios escritos. En este caso la emisora sirvió para algo y cumplió con creces uno de los objetivos que le vienen marcados como servicio público.
Ésta, la pedagógica, muy bien podría ser una de las múltiples aplicaciones que puede tener una emisora que depende del municipio. Simplemente, es una cuestión de amplitud de miras y ganas de servir al pueblo.






















