Pues bien, en la reciente reedición de nuestra obra más conocida, la séptima, que ha sacado Idea se inserta un trabajo suyo titulado Creencias africanas por el Atlántico a través de Las espiritistas de Telde. Amadou viene a demostrar que algunas creencias que salieron de África a bordo de los barcos negreros en el siglo XVI rumbo a América vuelven a estas islas a principios del XX traídas por los emigrantes a Cuba que retornaron, e influyen en la conducta de adeptos al espiritismo. Su estudio –leído como ponencia en el 52 Congreso de Americanistas, celebrado en Sevilla en julio de 2007- parte del rigor cuando afirma que los signos del Más Allá son tangibles y las huellas de creencias y prácticas religiosas africanas dejadas por siglos de esclavitud son claras: sortilegios, posesiones, metamorfosis, invocaciones, ritos, rezos y ceremonias llenan una novela en la que realidad y apariencia parecen jugar, y el tema del viaje desempeña un papel señero. Leer este libro es tomar contacto con lo sobrenatural, opina Amadou. Igual que en el animismo africano, plantas, árboles y objetos, parecen poseer un alma y actuar de forma autónoma. Hay efluvios potentes, llamadas al misterio, voces humanas y sobrenaturales, manifestaciones de lo visible y lo invisible, que se cruzan en la obra.
El viaje de Enrique López y el de Juan Camacho, el emigrante grancanario retornado de Cuba, no hacen olvidar los distintos viajes involuntarios emprendidos por esclavos africanos moriscos y negros hacia Canarias, el Caribe y el continente americano en general. Sin olvidar que a las islas llegaron varios cientos de esclavos negros y berberiscos traídos para los ingenios de azúcar, que aquí se mestizaron y dejaron cierta impronta. El animismo sigue vivo en África y lo sobrenatural es diario. Las divinidades africanas viven en la naturaleza, tienen su morada en árboles, ríos, bosques, lugares sagrados. Mezcladas con la santería esas divinidades, esos rituales y esas creencias regresan a Gran Canaria, donde en la década de 1930 había cuatro centros espiritistas abiertos al público. Eran Centros de Estudios Teosóficos perfectamente autorizados por la dictadura de Primo de Rivera, y a ellos acudía no sólo la gente humilde e ignorante sino que más bien lo hacía la gente culta de la capital, abogados, notarios, médicos, propietarios de las grandes familias insulares, tal como recoge la prensa de la época cuando da informaciones de los sucesos acaecidos en Telde el 28 de abril de 1930, cuando una joven de 21 años fue asesinada por su propia familia en el transcurso de una sesión de espiritismo. En cierto modo esos centros de reuniones espiritistas venían a ser salones donde la gente se divertía invocando a los espíritus, la prensa de la época narra como anécdota que en una de esas sesiones un joven tuvo contacto con su novia que había muerto recientemente, y recibió el anillo de compromiso con el que ésta fue enterrada. Habla Amadou de las luces y las sombras de la sociedad insular, sus profundas contradicciones, su desvertebración, y resuelve que el lado africano y el lado americano impregnan de manera profunda al archipiélago.






















