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Domingo, 05 de Febrero de 2012

Revoltura como historia

Ezequiel Pérez Plasencia
Con la memoria sucede de manera fatal lo que con la imaginación, cuando las pierdes el mundo se te viene encima y actúas como si nada importara. Hay casos desgarradores que nos conducen a pensar en el privilegio que nos ha sido dado si mantenemos ambas facultades más o menos en condiciones al llegar a cierta edad. De ahí la importancia de apuntar casi todo cuanto nos ocurre. Conservo dedicado un bello poema de una mujer, pero no logro recordar su rostro, el encuentro, el porqué de esas palabras encantadoras dirigidas a un tipo como yo; sólo sé su nombre porque viene al final del texto. También Montaigne solía perder aquello que más quería... Todo lo contrario es el caso de un libro hermoso que acabo de leer, Egos revueltos (Editorial Tusquets), de Juan Cruz Ruiz, ganador del Premio Comillas 2009. El título acertado del mismo nos lleva de la mano a un subtítulo en apariencia nada sugerente y que se nos antoja a propósito ambiguo y engañoso cuando hemos concluido la lectura de sus casi quinientas páginas: "Una memoria personal de la vida literaria".

Se trata, ni más ni menos, de un recorrido generoso por los vericuetos de las literaturas hispanoamericana y europea desde hace cuatro decenios, y más, pues no se puede entender el presente sin investigar el pasado. Sólo adelanto algunos nombres ilustres (los diálogos, lances y anécdotas son a la vez profundos, divertidos y esclarecedores) que pasean hermanados o enfrentados por una prosa amena: Javier Muguerza, Borges, Emilo Lledó, Susan Sontag, Saramago, Juan Carlos Onetti, Luis Alemany, Mario Benedetti, José Arozena, Francisco Ayala, Domingo Pérez Minik, Adolfo Marsillach, Juan Marsé, José Luis López Aranguren, Ernesto Sábato, Fernando Delgado, Muñoz Molina, Josefina Betancor, Günter Grass, Manuel Padorno, Octavio Paz, John Berger, Pedro Salinas, Luis León Barreto, Pavese, Virginia Wolf, María Zambrano: los recovecos de los Premios Nobel y Cervantes (tan polémicos), los enfrentamientos, vanidades, arrogancias y egos típicos de todo creador que se precie son contados con una perspicacia asombrosa, y sólo hablamos de pasada de las disputas entre grupos mediáticos y editoriales poderosos.

En absoluto nos encontramos ante un best seller del tipo 50 poemas del milenio, que no está nada mal (todo sea dicho), sino ante la memoria prodigiosa de un narrador de fuste, querido y odiado como todos los grandes. Política, sexo, alcohol, intrigas palaciegas, autores destrozados o felicísimos y sutiles melancolías se mixturan con armonía y gracia. Parece que nada falta en este libro acendrado que nos ayuda a comprender mejor este país que es como un bicho raro que continúa con vida después de todos los palos recibidos, estacazos sociales, económicos y culturales. Dice un amigo que tiendo a personalizar en los escritos, y en parte lleva razón: oh, si me acordara de la mujer del bello poema, seguro que la vida sería de otra manera, quizá instalados ambos en otra realidad. Sólo queda añadir que hace tiempo perdí ego, vanidad y patria; me convertí, por decirlo con Juan Goytisolo, en un "exiliado de aquí y de allá". Pero si alguno de ustedes ha decidido alejarse del "arte de la pérdida", lea estos Egos revueltos, porque con seguridad aumentarán su calidad de vida, conocimiento y sabiduría.

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