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Domingo, 05 de Febrero de 2012

Fascistas encubiertos hacen abdominales…

Ezequiel Pérez Plasencia
En tiempos de crisis económica profunda y desajustes políticos como el actual, las iglesias se abarrotan, los fanáticos se frotan las manos en espera de un salvador, los militares golpistas conspiran, los fascistas encubiertos hacen abdominales y a algunos demócratas les entra repentina cagalera. Un diario de tirada nacional ha informado excelente y exhaustivamente acerca de las actividades del ex presidente Aznar, alguien que no ha dejado de provocar a la ciudadanía con estúpidas soflamas y actos delirantes desde que fue desalojado de La Moncloa. Nos ha llamado la atención esta vez la gran cantidad y el contenido de los comentarios que ha desatado tal reseña. Como si fuese un gran delantero centro goleador, muchos lo aclaman para rescatarnos de las manos del eje del mal juego y colocarnos de nuevo a los pies de un país donde el principal deporte es (era) invadir, matar, exterminar. Ya se sabe que los extremismos se tocan, confunden y acarician: últimamente les ha dado por las fechas de calendario: si los terroristas islámicos han elegido el 11 como número favorito, los españoles de la sinrazón han optado por el 23; ya ha pasado esta última (23 F) y nos queda salir sanos y salvos el 11 M.

Recordamos el título de un artículo del gran sociólogo Enrique Gil Calvo ("Que felicidad, vivir sin Aznar") cuando la derecha perdió las elecciones generales. Ignoraba don Enrique los resortes y apoyos siniestros con que contaba el personaje. Más atrás en el tiempo quedan las cuantiosas subvenciones europeas (de las que se arrepintió luego un canciller alemán), la irresponsabilidad de llamar Movimiento de Liberación Nacional Vasco a los terroristas del tiro en la nuca y el atentado a Hipercor, y la esperpéntica "liberación" del islote de Peregil. En medio, dos legislaturas de regresión democrática caracterizadas por el recurso lingüístico del "España va bien" y por ruedas de prensa en las que nos trataba de imbéciles utilizando los dedos de su mano derecha para contabilizar a todos los españoles los caminos a seguir, como si estuviéramos en la escuelita. Ahora todo indica que nunca se ha ido; mientras se aliaba (enriquecía económicamente) con Murdoch, Berlusconi y compañía, nuestro homúnculo tenía en el fondo de la testa a este país, tan necesitado de tipos como él, José María Pemán y Escrivá de Balaguer, Ángel Acebes y Hernández Mancha, Pedro José y la Cope-dal.

Nada de nobleza, trabajo, esfuerzo; virtudes que parece ignorar. Lo suyo es soltar una barrabasada tras otra, reír con un cinismo sostenible que ha dado la vuelta al mundo, continuos gestos de mala educación y vulgaridad. Sin duda, la derecha de este país se merece a otro líder, pero le cuesta demasiado encontrar a alguien tan capaz de removerse en el fango propio y el ajeno con la soltura de este renacido pajarraco cuyo único propósito es la crispación o el hazmerreír, depende del estado de ánimo de cada uno de nosotros. Su estrategia ha sido y es clara: o yo o el caos, elegid. Es decir, como todos los dictadores. Rajoy no lo puede ver (por prescripción médica) Mariano Rato tampoco, y Ruiz Gallardón ídem de ídem. Pero el verdadero problema es otro, a saber: le cae bien a buena parte de la ciudadanía, lo cual pasa a convertirse en una cuestión de Estado.

En fin, no olvidemos que también Berlusconi y Hitler también fueron elegidos en las urnas, no hace tanto tiempo; entretanto, demos por bueno el estreñimiento que padecemos algunos melancólicos y digamos, bien alto una vez más, no al fascismo, así sea encubierto o desafiante.

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