PUBLICIDAD
Banner
PUBLICIDAD
Banner

Canarias Social

Registro de usuarios

¿Nuevo? Conoce las ventajas de ser usuario


Miercoles, 23 de Mayo de 2012

"Dos horas con Miguel"

Mayte Martin

“Cinco horas con Mario” no tienen nada que ver con mis “dos horas con Miguel”. Conocí a  Miguel Delibes como tantas miles de personas en este país leyendo su famoso “El Camino” cuando cursaba bachiller, el de antes, el de los años 70 cuando la literatura era para algunas como yo un mundo por descubrir, un sueño que cumplir.

Mi amiga Concha y no prima, a pesar de apellidarnos igual, y compañera de profesión, dice que mi forma de escribir es tan leíble como la de don Miguel… Ya me gustaría parecerme a él. Pero por encima del escritor, del periodista que ha llenado miles de horas de mi vida con su estilo, recuerdo a la persona.

¡Qué suerte tuve ese día! No recuerdo la fecha exacta, se que cubría los cursos de verano de la Universidad Complutense de El Escorial en Madrid, era el año 1991 y cuando llegó la hora de la comida, los periodistas acreditados entramos en tropel en la sala habilitada como comedor, me retrasé hablando con un fotógrafo que me contaba aventuras vividas en Nicaragua y sin darme cuenta,  me quedé sin sitio. Una chica muy amable de la organización me dijo que no me preocupara y me llevó hasta la zona que estaba reservada para los profesores y ponentes de los cursos y me sentó frente a una Elena Ochoa, sexóloga que se hizo famosa por aparecer en un programa televisivo pionero en nuestro país. Yo me sentía un poco cohibida, pero con el morro que nos caracteriza a los osados periodistas que se comen el mundo. Andaba presentándome cuando un médico norteamericano me preguntó que cuál era mi ponencia y le expliqué que era periodista, mientras ponía sobre la mesa el chisme aquél que usábamos (porque no existían móviles, o al menos la agencia para la que trabajaba no disponía de esa tecnología), un incómodo e inoportuno buscapersonas. Se produjo un tremendo silencio en la mesa, y se miraron unos a otros como diciendo “cuidadito con lo que se dice que hay una intrusa en la mesa”. Les dejé claro que estaba en mi tiempo de descanso, que no se preocuparan y hablaran libremente ya que yo lo haría igual.

Quedaban espacios libres a mi lado y me quedé impresionada cuando de repente, apareció don Miguel  y se sentó allí a mi izquierda… No sé qué tiempo transcurrió, yo presumo que fueron dos horas, pero posiblemente no llegó a una, comíamos para proseguir la jornada por la tarde y casi no había tiempo para descansar, eso sí recuerdo que no había que salir a la calle para fumar, ni pedir permiso, allí todos encendíamos el cigarro a demanda de nuestros pulmones…

Ese fue mi breve pero intenso contacto con este hombre que ayer moría a las siete de la mañana en su casa de Valladolid. Posiblemente jamás se acordó de mí o mi nombre, ni mi majadera forma de acosarle a preguntas, de escucharle hablar…

Me quedan y nos quedan a todas y todos sus libros, la mejor manera de conocer a una persona, una pena y una envidia sana, porque quiénes nos dedicamos a ser las escribanas y escribanos del mundo, soñamos con expresarnos con la claridad, con la sencillez, con la naturalidad con que lo hacía Miguel.

Añadir comentario

Condiciones

  • Su comentario será revisado y subirá una vez sea comprobado que no atenta contra las leyes españolas o injurias
  • Reservado el derecho de eliminar aquellos comentarios que consideremos ofensivos