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Domingo, 05 de Febrero de 2012

Hoy en silencio piensa en ti

Ezequiel Pérez Plasencia

EZEQUIEL PÉREZ PLASENCIA

 

A Merche

En medio de la algarabía del mundo actual debes optar por un mutismo alegre si no quieres verte sumido en la alienación derrotista que precede a cualquier fascismo personal o colectivo, aferrarte placeres a cotidianos como una buena ensalada o un hermoso amanecer como antes lo hacías con ideologías modernas o rancios casticismos. Sabes que eres tu propio escultor en la medida en que se conviertan en intocables cada vez menos pasiones: música, pintura, belleza interior, coherencia, literatura, y para ello se ofrece una vez más el silencio observador como la mejor arma de que dispones. Una vida umbrátil puede resultar mucho más fértil que la agitada agenda social de un politicastro de cualquier signo o los múltiples compromisos de un as del balón o la palabrería insulsa de esas damas y caballeros de alcurnia obsesionados con despuntar en el escalafón social y tener siempre un adjetivo rebuscado cual chiste agudo para quedar muy bien en su círculo. El vocablo sinceridad está tan rebajado desde hace tiempo que se ha convertido en un lugar común utilizado por mentirosos compulsivos, adúlteros sin dignidad y novios totalitarios que establecen una vigilancia casi policial sobre sus parejas. Así las cosas, incluso puedes practicar ese deporte en desuso consistente en exhibir abiertamente tus vicios y ocultar tus virtudes, con lo cual garantizas la reprobación de las mediocridades disfrazadas de excelsitud que visualizas nada más pisar la calle para comprar el pan o pasear, porque en tu fuero interno sólo necesitas a un buen panadero, el aroma del café y la sonrisa de alguien que te conoce y comprende. El mundo se divide en dos: los que se contornean como modelos de manera reiterada y quienes se refugian en una lúcida reflexión de Tzvetan Todorov, un verso de Virgilio o un aforismo de Karl Kraus; oficio y experiencia vivifican a los situados en ambos bandos, pero engrandecen a estos últimos en la hora de los adioses definitivos, cuando son inútiles las artimañas y ardides compuestos para salir del paso. Sólo la amistad y algunas alegrías de la niñez conforman las pertenencias de un animal moribundo si éste ha descuidado algunas de sus pasiones intocables, encarcelando inconscientemente la dicha de vivir. Olvida, entonces, las grandes aspiraciones y proyectos, o redúcelas a su mínima expresión: por ejemplo, llegar con vida a la próxima primavera, detenerte a mirar la grandeza de algunos atardeceres, imaginarte otra realidad inspirado por una sonata maravillosa, estar capacitado para viajar al centro de una fábula o una buena novela, el olor del pan recién salido del horno, la arquitectura de un sentimiento o deseo. Es en estos silencios cuando sueles pensar más en los otros y acrecentar tu receptividad, así en Gracante como en la Conchinchina, en este mundo globalizado en que vives donde suenan tambores hiperconsumistas (aun en crisis aguda como ésta) a cada momento, agitados por las añagazas de todopoderoso dios-mercado. Así con suerte recordarás en primavera el beso que diste a esa primera amiguita de cinco años, las inocentes risitas de gran alegría, hace tantísimo tiempo. Si consigues esos privilegios, podrás sustraerte además a la algarabía y caos del mundo actual, a los telediarios e incluso a los políticos, al menos hoy, y quizá desates el nudo de la pasión de amar, de unirte para siempre con el universo.

2 comentarios

  • Enlace comentario José María Linares Miércoles 05 de Mayo de 2010 02:44 Publicado por José María Linares

    Estupendo artículo, perdurable, que invita a pensar en que sólo no pasa de moda lo que nuna ha estado de moda. Me encanta la frase "exhibir vicios y olcultar virtudes" y otras...

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  • Enlace comentario Abel Martínez Domingo 02 de Mayo de 2010 19:22 Publicado por Abel Martínez

    Este escritor cada vez me gusta más. Ojalá continúe en esta línea y no nos entregue ese largo silencio que mantuvo
    durante años.

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