Presente y futuro de los servcios sociales en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria
Estamos siendo testigos de un ambiente social desequilibrado e inestable derivado de la tremenda crisis económica que venimos padeciendo. Una de las características de la misma es la desestabilización de los pilares de nuestro estado de bienestar.
Cada vez son más las personas que acuden a los Servicios Sociales Municipales solicitando algún tipo de ayuda que pueda paliar la precariedad existente, por ser esta la unidad básica y comunitaria de acceso a los mismos. En los últimos años nos encontramos con que el perfil del usuario ha cambiado de manera sustancial, siendo éste el de una persona o familia estructurada, integrada en redes sociales y económicas y que en la actualidad se ha visto privado/a de dichas filiaciones por lo que estamos hablando de un amplio sector de la población que hasta el momento nunca había tenido la necesidad de acudir a los Servicio Sociales.
Estos usuarios provienen fundamentalmente de una clase social media que de la noche a la mañana se ha quedado sin empleo y de apoyo socio-familiar y que ha sufrido una pérdida importante adquisitiva, que le imposibilita para la satisfacción de las necesidades primarias de la vida diaria, o el mantenimiento de los bienes adquiridos.
Esta situación está provocando un colapso de los Servicios Sociales y la misma se ha visto reflejada en los medios de comunicación social. La realidad actual pone de manifiesto el debilitamiento al que ha sido sometido en los últimos años el sistema público de Servicios Sociales. A la vez, nos tiene que hacer pensar, hacia donde va este sistema y cual es su futuro. No sólo es alarmante la gran demanda que hay en estos momentos, sino también la falta de recursos, y/o el agotamiento de los ya existentes.
Desde luego, si es cierto que esta coyuntura social ha puesto de manifiesto que se necesita un cambio importante en la concepción de los servicios sociales, para que se pueda dar un tipo de respuesta más integral, distinta y novedosa.
Los mismos no pueden continuar como algo residual, relegado a la gestión de ayudas o la simple intervención en las emergencias sociales, sino que habrá que inventar un nuevo sistema que de respuestas novedosas a las múltiples demandas de la sociedad actual del siglo XXI.
Dicho esto, los profesionales nos vamos topando día a día con un sistema burocrático que ralentiza la gestión, y que es incapaz de dar respuesta inmediata a las situaciones de emergencia planteadas, y que esa falta de agilidad, en muchas ocasiones agrava más el problema. Así puede suceder que desde que llega una demanda a un Centro de Servicios Sociales hasta que se aplica un recurso, el problema se haya agravado y estén interactuando otros, por lo que la respuesta dada ya no sirve.
Ante esto se hace necesario e imperioso, la modernización de la cadena administrativa que ayude a agilizar los procedimientos en los Servicios Sociales.
Por otro lado, se va evidenciando el escaso nivel de protección social y universalidad de los servicios, a los que solo accede una parte de la población, y que deja fuera a la gran mayoría, ya que se accede por prueba de medios. Y esto tiene que ver con la concepción que se tenga de lo que es y debería ser el sistema público de los servicios sociales. Si lo entendemos desde una perspectiva arcaica, y subsidiaria o desde una visión subjetiva de reconocimiento de los derechos sociales y como uno de los pilares principales del estado de bienestar.
Sírvase como ejemplo, el que una persona o familia, cuyos miembros tengan ingresos procedentes de las rentas del trabajo, y que han planteado la necesidad de acceder a algún tipo de servicio o determinada prestación, no puedan acceder al sistema publico, debido a que sus ingresos los dejan fuera, y no se considera, que los mismos no son suficientes para afrontar dicho servicio de forma privada, sin tener en cuenta, otras circunstancias familiares de redes de apoyo, etc... que pueden estar interviniendo y que debería considerarse de una manera también decisiva.
Esto nos lleva a plantearnos la marginalidad de los actuales servicios y la estigmatización de los mismos. Muchos de los nuevos usuarios manifiestan con vergüenza, que nunca hubieran "imaginado tener que acudir a los servicios sociales a pedir una ayuda". No se considera a los servicios sociales como unos de los pilares del sistema de bienestar social, sino más bien un centro de caridad y beneficencia.
Asistimos igualmente al desconocimiento general de lo que son, no sólo por parte de la población sino incluso otros sectores profesionales como el sanitario y el educativo por poner un ejemplo. Esto provoca en muchas ocasiones la duplicidad de intervenciones y de recursos, y la falta de optimización de los mismos, la poca o escasa coordinación, y perder las perspectivas de la transversalidad que en la intervención social se hace imprescindible.
Por lo tanto, los Servicios sociales no pueden seguir funcionando a golpe de las coyunturas sociales y de los acontecimientos. Hoy más que nunca hay que repensar hacia donde van y desde que pilares se sostienen.
Por lo que reflexionando en voz alta, algunas propuestas pueden ser:
Se hace necesario definir cómo y qué hay que poner en funcionamiento para que se configuren unos Servicios Sociales adecuados a las demandas de nuestro tiempo. Cambiar tanto la estructura interna en función de la incorporación de nuevas áreas de intervención social, y de un cambio conceptual de los Servicios Sociales.
Incorporar la intervención transversal con otras áreas y concejalías como participación ciudadana, educación, salud publica, juventud etc...
Que realmente se garantice la universalidad de los Servicios Sociales, por lo que habrá que revisar y establecer una nueva normativa jurídica que los enmarque, para que permitan configurar a éstos, como un sistema verdaderamente universal que llegue y actúe con toda la población y que de respuesta a los diversos problemas y situaciones actuales, y que no deje fuera de los mismos a nadie, en función de los ingresos económicos o rentas de las personas.
Se hace igualmente necesario prestigiar a los Servicios Sociales. No hay otro estamento que produzca más sonrojo que manifestar que se ha acudido a los servicios sociales a solicitar una ayuda o prestación. Esto se debe a esa concepción arcaica y caduca de beneficencia y caridad hoy más que nunca vigente en nuestro sistema. Sistema que crea dependencia de las personas asiduas al mismo, por lo que hay que romper con esta tradición exageradamente asistencial, que crea conciencias subsidiarias y dependientes.
Hay que promover e incidir en programas, con un marcado carácter preventivo, de promoción y de rehabilitación de las personas y familias que les capacite para ser autogestionarios en sus propias vidas y les habilite para adaptarse y sobreponerse ante cualquier adversidad social, crisis que les sobrevenga.
El respeto de las ratios que garanticen una adecuada atención a las personas, que es el de una Trabajadora/or Social por cada 3.000 habitantes. Añadido a esto hay que contemplar el que se establezca un cupo tanto de atención al ciudadano como de intervenciones por profesional, para establecer como prioritario la intervención social y personal, por encima de la gestión burocrática de las prestaciones.
Otra propuesta, es mejorar la coordinación y los protocolos de actuación con otras administraciones que nos permita el abordaje de las problemáticas de una forma integral así como el tratamiento de las situaciones que nos plantean las personas. Se evidencia en el día a día la necesidad de coordinación y trabajo conjunto entre los distintos sistemas de bienestar, desde una perspectiva sistémica y ecológica de la realidad social y de las personas.
En otro orden de cuestiones, destacar que es una gran limitación el marco normativo que tenemos. No contamos con una Ley Básica de Servicios Sociales que los sitúe en el cuarto pilar del estado del bienestar como corresponde. No está establecido como un sistema para todas las comunidades autónomas, por el contrario la realidad son las distintas velocidades que en esta materia hay, y las distintas leyes autonómicas de Servicios Sociales. Y la realidad es que se le ha dado este rango al nuevo sistema de la dependencia, con la ley de Autonomía personal y Atención a las personas en situación de Dependencia, que está muy bien, ya que se empieza a reconocer el derecho subjetivo de las prestaciones sociales, pero que es un conjunto de prestaciones y el sistema de protección de bienestar social es más amplio.
También mencionar que se ha creado una subcomisión parlamentaria en las Cortes españolas para el estudio de la implantación de una renta básica de carácter universal para todos los ciudadanos. Interesante propuesta como instrumento de lucha contra la pobreza y la inseguridad vital. Todas estas iniciativas deberían estar bien vertebradas en una normativa básica y general que enmarque la implementación del Sistema Básico del Bienestar Social como el cuarto pilar, y no tratarse como departamentos distintos.
Estas y otras podrían ser las alternativas y propuestas a un tema complejo, porque complejas son las personas y la realidad social, pero pienso que es necesario que entre todas/os vayamos tejiendo esta trama. Que los profesionales de este campo y la sociedad en general nos encontremos para el dialogo y el debate de este tema y que no lo dejemos para más tarde. ¿Hablamos...?
Águeda Vilavert Lozano, Trabajadora Social del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran canaria






















