Sin embargo, ni su mordaza informativa ni su sistemática represión disuadió a los saharauis de emprender sus acciones colectivas de protesta. Los costes y riesgos de su movilización fueron considerados menores que su voluntad política. Más de tres décadas de ocupación marroquí no había logrado cooptarlos ni integrarlos. Sus hombres y mujeres tampoco estaban dispuestos a otorgarle su consentimiento y legitimidad.
La protesta saharaui precedió en pocas semanas a la primavera árabe. No fue su detonante, pero sí su preludio. Los saharauis pusieron nuevamente de manifiesto la prolongada irresolución de su conflicto; además de su incesante deseo de ejercer su derecho a la autodeterminación. Uno de los problemas asociados con el largo enquistamiento de un conflicto es que se pierde en el tiempo las causas que lo originaron. Sin embargo, mientras no se aborden sus causas estructurales, el conflicto está condenado a reproducirse cíclicamente.
El texto de Alejandro García refresca la memoria a unos y sirve de introducción a otros para comprender las claves del conflicto por el Sáhara Occidental.
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