Nick Clegg y su equipo de negociadores lo han bordado. Consiguen cerrar un pacto a largo plazo con los conservadores que podría suponer la revitalización del Partido Liberal-Demócrata y que logra poner en la agenda del nuevo gobierno de coalición los cuatro puntos que aparecen en la portada del programa electoral de los liberal-demócratas.
El lunes, el giro que el anuncio de retirada de Brown parecía iba a dar a las negociaciones entre conservadores y liberal-demócratas no ha hecho más que favorecer a estos últimos ya que los conservadores, a última hora, han tenido que ceder aun más en favor de los liberal-demócratas y, con ello, consiguen un acuerdo que les garantiza quedar bien con su electorado, con el país y, además, les da tiempo suficiente para que se pueda cambiar el sistema electoral antes de que vuelvan a celebrarse elecciones generales. Se ha pactado que no se convocaran nuevas elecciones hasta mayo de 2015.
El acuerdo se antoja lo suficientemente estable como para que se mantenga por largo tiempo. Los conservadores han cedido nada menos que cinco secretarías de estado a los liberal-demócratas, además del llamativo puesto de vice-primer ministro. Hace 70 años que los liberal-demócratas no tienen responsabilidades de gobierno en este país y, si lo hacen bien, van a a lograr que su partido se convierta en un elemento de referencia importantísimo en el futuro político del Reino Unido.
Nick Clegg parere haber logrado la cuadratura del círculo. Habiendo perdido las elecciones, habiendo flirteado secretamente con los laboristas mientras negociaba con los conservadores y con unas bases presionándole para que no pactase con los conservadores, se ve ahora en una posición en la que, por un lado, logra una porción importantísima del nuevo gobierno de coalición y, por otra, logra suavizar las políticas económicas y de inmigración de los conservadores que, indiscutiblemente, los británicos van a agradecer.
A todo esto hay que sumarle el hecho de que el compromiso de los conservadores es ahora claro en cuanto al posible cambio del sistema electoral, ya que se va a proponer un referendum al respecto y, por si fuera poco, se pacta no convocar nuevas elecciones, si todo va bien, hasta mayo de 2015, con tiempo suficiente para lograr unas buenas relaciones con los conservadores por si en un futuro vuelven a ser necesarias y para formar un partido más fuerte preparado para afrontar unas elecciones con un sistema electoral que puede catapultarlos incluso por encima de los laboristas.
El nuevo gobierno se va a poner a trabajar inmediatamente. Ya se ha anunciado un presupuesto de emergencia que implementará recortes por valor de seis billones de libras, aunque los liberal-demócratas han sacado el compromiso de que dichos recortes no se produzcan en servicios esenciales. Los liberal-demócratas han tenido que ceder en política de inmigración y los conservadores consiguen implantar un tope o límite a la inmigración proveniente de países no comunitarios.
Por otra parte, los liberal-demócratas consiguen implantar la reducción de impuestos para las primeras 10.000 libras de renta, lo que retornará a muchas familias unas 700 libras que les servirán de ayuda para amortiguar los efectos de la crisis económica. En cuanto a educación, durante las negociaciones ha quedado claro que las políticas de ambos partidos están muy próximas y los liberal-demócratas logran introducir la ayuda a las familias pobres con hijos en edad escolar.
Intereses de partido, interés de país
Los partidos en el gobierno de coalición han demostrado que se puede dejar a un lado los intereses de partido para poner el interés de país como prioridad. Ambas partes han cedido en políticas que las bases consideraban de máxima prioridad. Por ejemplo, los conservadores no implementarán la bajada en el impuesto de sucesiones y los liberales no presionarán para implementar un impuesto sobre grandes mansiones.
En cuanto al euro y a las políticas de integración europea los liberal-demócratas ceden y prometen no presionar para aceptar el euro, al menos durante la vida de este nuevo parlamento que ahora se crea. Ademas, se pacta con los conservadores que cualquier posible cesión de poder a Bruselas será previamente propuesta a los británicos en referéndum.
Como se puede ver, el acuerdo es amplio y parece haberse creado con intención de hacerlo duradero al establecerse sacrificios por ambas partes para evitar enfrentamientos desde el principio.
¿Qué pasará ahora con los laboristas? Esa es una pregunta que empezará a tener respuesta posiblemente en unos dos meses cuando el partido elija a su nuevo líder. Los hermanos Miliband y el anterior secretario de Educación, Ball, parecen haberse perfilado como firmes candidatos al puesto.
Indiscutiblemente el nuevo líder lo va a tener extremandamente más fácil de lo que lo tuvo Brown. La transición a la oposición de los laboristas ha sido poco traumática teniendo en cuenta que hace unos pocos meses se les daba por barridos por un gobierno de mayoría absoluta de Cameron. La situación ahora es completamente diferente.
Para terminar esta serie de crónicas desde Londres me gustaría añadir que, en los programas electorales de todos los partidos, se reflejaba como prioridad la regeneración de la vida política en el país después de los escándalos económicos protagonizados por los diputados. Todos proponían un cambio en la forma de hacer política que permitiese a los políticos ganarse de nuevo la confianza de los británicos. Desde mi punto de vista, el resultado de estas negociaciones en las que se ha puesto el interés del país por encima de todo, y la reacción del Partido Laborista como nuevo partido de la oposición, son un inmejorable comienzo para lograrlo.
Juan Carlos Camacho Rosales, canario residente en Londres, es afiliado al Partido Laborista.





















