Esta tienda se encuentra en la Avenida de San Sebastián, en Santa Cruz de Tenerife, bajando junto al Estadio Heliodoro Rodríguez López. Es una de las cuatro tiendas esotéricas que se dedican a esta clase de negocio en apenas 50 metros. No hay una razón aparente. Santa Bárbara se instaló en la zona hace 30 años atrayendo clientela, y a partir de ahí otras cuantas fueron abriendo al público.
A menudo los dueños eligen nombres de santos para sus bazares, pero no hay que llevarse a engaño. Lo que domina es el sincretismo entre tradición católica y religiones politeístas del África Occidental, una mezcla que se produjo con la llegada de los esclavos negros al Nuevo Mundo. Por eso muchos santos y vírgenes tienen su equivalencia en dioses de origen africano. En Cuba los llaman orisha. En Brasil, candomblé. En general se conoce como santería. Los bazares no son más que un punto de llegada de cinco siglos de historia.
Una de las últimas tiendas más recientes de la zona es San Miguel Arcángel. La estatua de Santa Bárbara da la bienvenida al cliente. Hay velas y productos de santería: sahumerios, baños de descarga ("abrecaminos", "contramaleficios"), potenciadores e impotenciadores sexuales, aceites litúrgicos... Destaca el velón especial Mil Nudos, "para atar y amarrar situaciones o personas".
Ana María es una imponente negra dominicana que regenta el negocio y hace las lecturas a los clientes. "Aquí lo que hacemos lo llaman santería, pero en República Dominicana lo llamamos vudú", explica. En contra de la creencia generalizada, el vudú no está necesariamente ligado a la magia negra.
La dueña del local se esmera por teléfono para que le indiquen el número de una empresa de paquetería. "¡Eme de Madrid, erre de Roma, doble uve de Washington!", dice con marcado acento caribeño. "Aquí ayudamos con la suerte, el amor y el trabajo. Para la salud, yo les digo que vayan al médico", dice refiriéndose a los clientes. Ayudamos. Ese es el verbo que utiliza. Aunque se trata de un negocio, no quiere obviar el carácter de servicio. Un cartel en la fachada lo deja claro. "Trabajos garantizados o le devolvemos el dinero".
Venezuela es el principal suministrador de productos esotéricos en estos negocios, que aprovechan el nexo histórico del país con Canarias. Allí vivió parte de su vida Leo, la dueña de Santa Bárbara, el bazar más amplio y visitado de la zona. Cuenta que nació en La Gomera, pero con 18 años se fue y no volvió hasta la muerte de Franco, en 1975. De allí trae todos los productos, que incluso ofrece como proveedora a una pareja interesada en instalar con su propio bazar.
Muchos de los que acuden a estos locales son de origen latinoamericano. Como Eduardo, argentino, que se encarga de realizar las lecturas en Santa Bárbara. Utiliza cartas, caracoles y tabaco de santería, con los que asegura que se pone en contacto con los espíritus para dar respuestas a sus clientes. Suelen ser, dice, problemas de pareja y asuntos de amor. "Es un mito que la gente viene más por la crisis", asegura. Le consultan sobre pasado, presente y futuro. Por una sesión cobra 40 euros, y puede durar 10 minutos o una hora, según el problema. También trabaja por las mañanas en un programa de tarot en Teidevisión, una emisora local. Se muestra orgulloso al asegurar que el programa se emite diariamente desde hace 15 años, en distintas emisoras pero de manera ininterrumpida.
Casi enfrente de Santa Bárbara se encuentra el pequeño bazar María Lionza, cuyo nombre se refiere a una figura mitad virgen católica y mitad deidad precolombina. En Latinoamérica no es raro encontrar ejemplos así. Como el señor Maximón de Guatemala, santo y padrino al mismo tiempo. Odelis es la dueña del bazar, una cubana de raza blanca entrada en años. Porta una flor de plástico a modo de traba para el pelo, innumerables cadenas finas de oro en el cuello y algunos anillos. El local está inundado de objetos de santería de todo tipo. Una estantería lateral muestra libros viejos y nuevos, desde un grueso ejemplar de la Biblia hasta folletos autoeditados. Unos cortinajes separan la tienda de la trastienda. Todo destila un ambiente místico, muy distinto a los dos bazares anteriores.
"A veces vienen buscando algo, y otras veces preguntan", comenta Odelis sobre los clientes. "¿En qué consisten los rituales, le reza a los santos?", se le pregunta. "No son rezos sino consultas. Es como las personas que tienen un dolor", responde denotando incomodidad por la presencia del extraño. La mirada se le va hacia un pequeño televisor con la novela de mediodía de la Televisión Canaria, cuyas voces inundan la pequeña estancia. En esto un joven entra por la tienda, e intercambian unas breves palabras. "Me disculpa, tengo que hacerle una lectura al chico", dice. Y desaparecen tras la cortina.





















